viernes, octubre 03, 2008

Recomendaciones para el otoño

No tengo ni tiempo ni capacidad para escribir las sensaciones que siento cuando entro en una libreria. Y si al otro lado del mostrador hay una persona/as que sabe y entiende lo que buscas, creo que está la mezcla hecha.
De nuevo el buen consejo de Begoña, que una vez más ha dado en el clavo:

La familia del barrio Chino, Yutang, Lin. Ed. Ediciones del Viento
Relato que cuenta a través de los hojos de un niño chino, los avatares de una familia china en New York. Familiar, costumbrista y entrañable. Del estilo de las novelas de Pearl S. Buck

Una vida entre libros. Memorias de un amante de la palabra escrita, Lewis Buzbee. Ed. Tempus
Resumen:
Lewis Buzbee, ex librero y comercial de ventas en el sector, comparte en esta narración su pasión por el libro en todos sus aspectos: desde el placer de recorrer las librerías sin prisa, atentos a los cientos de promesas que esconden en cada uno de sus estantes y expositores, pasando por elgusto de abrir un ejemplar nuevo y sentir sus páginas olorosas y crujiente, a la felicidad de pasar una tarde en una butaca dejándonos llevar por la magia de las palabras. Asimismo, Una vida entre libros es un recorrido por la historia del objeto y por los lugares emblemáticos que han contenido libros: la biblioteca de Alejandría, la tienda parisiense Shakespeare & Co, y la misma ciudad de París, paraíso de las librerías; sin olvidar la importancia de los cafés, lugares literarios por antonomasia.
Un recorrido sentimental por la historia del libro y por la vida de un amante de las palabras, que no olvida una profunda reflexión acerca del futuro de un objeto sencillo pero fundamental en el avance de la humanidad

Firmin, Sam Savage, ed. Seix Barral.
Firmin vive literalmente de los libros, que digiere a la vez en su estómago y en su cerebro, convirtiéndose de forma paulatina en un humano encerrado en el cuerpo de una rata, que reescribe el Retrato del artista adolescente (en inglés leeríamos en realidad A portrait of the artist as a young rat), y que a fuerza de morder y deglutir páginas se vuelve un crítico literario de envidiable talento, capaz de atropar autores como Carson McCullers, el Joyce de Finnegans Wake, Tolstói, George Eliot, Proust o el Dickenks de Oliver Twist, con cuya legendaria desgracia siente empatía el bueno de Firmin, a la vez que suscribe con ironía la necesidad de un canon (repitiendo una y otra vez "éste es uno de los Grandes") y pasa revista con delicioso humor a los tópicos del mundillo literario, el bourbon hasta altas horas junto a una Underwood, autores firmando ejemplares, ediciones de bolsillo del Henry Miller más obsceno llegadas por contrabando desde París o editores rechazando magníficos originales de tres al cuarto. El monólogo de Firmin atraviesa párrafos de divertida dietética libresca -¿Scott Fitzgerald tal vez más agridulce que D. H. Lawrence?- y de una entrañable picaresca de la supervivencia que une a nuestro roedor de palabras con las tribulaciones de Lennie y de George, aquellos roedores de mendrugos de De ratones y hombres (1937), de Steinbeck. Firmin no soporta ni a Micky Mouse ni a Stuart Little (con Ratatouille, en cambio, harían sopa de letras), pero se tratan como hermanos con el infalible librero Norman ("nunca le ponía Peyton Place en las manos a alguien que habría sido mucho más con El Doctor Zhivago") y traba una amistad de cuento de hadas con el rechoncho Jerry Magoon, un escritorcillo de ciencia-ficción con el que escucha a Charlie Parker a todo trapo y ve películas en tecnicolor (Fuente: El Pais)