miércoles, abril 27, 2011

Siglos de historia inundados

Hubo un gran investigador en Coruña que una vez en el Archivo Municipal me habló de la Biblioteca del Consulado. Le brillaban los ojos de emoción al describir los ejemplares allí depositados La gran joya de la ciudad que el olvido ha ido enterrando tras capas de desidia e indolencia. Reivindico desde aquí esos fondos (muchos de ellos sin revisar desde hace lustros...) y esa Fundación cuyo patronato quizá debería intentar mostrar de otra manera lo que en esa biblioteca se guarda.

Guarda, en sus estanterías y muebles, grandes joyas de la literatura universal, como un manuscrito inédito de Quevedo o la primera edición holandesa de `El Quijote´. Gran parte de su mobiliario perteneció a Juana de Vega, asi como parte de sus fondos.

Un libro incunable, los acuerdos manuscritos de los tres meses de vida de la Junta de Gobierno de Galicia, hasta su disolución, la primera edición de El Quijote con grabados, una traducción holandesa, una biblia alemana con letra góticas, el legado folclórico de Emilia Pardo Bazán, los armarios de Juana de Vega y hasta un paragüero fabricado en la primera fundición de Sargadelos.

Y ahora leo esta noticia:

Siglos de historia inundados


Alrededor de cien libros se han visto afectados por una inundación en la biblioteca del Real Consulado del Mar, ubicada en el antiguo Museo de Bellas Artes, en la calle Panaderas. El centro estuvo cerrado desde el jueves hasta el domingo, por lo que no fue hasta el pasado lunes cuando los trabajadores pudieron ver los destrozos. «Menos mal que ayer nos avisaron -los lunes no trabajamos- de que el agua salía por la puerta».
El agua, que se filtró por el patio, llegó a superar los 30 centímetros de altura, una distancia suficiente para salvar los libros «más valiosos». Aun así, un ejemplar que data de 1772 se ha visto afectado por la humedad. La peor parte se la llevaron unas cajas de cartón que contenían decenas de libros, donados por la editorial Moret, que se encontraban apiladas en el deposito, aunque, según señaló el personal del Patronato, «se trata de ejemplares modernos».
El olor, el barro y los restos que arrastró el agua apuntan a que esta procede de la red de alcantarillado, propiedad del Ayuntamiento, y así lo señaló Javier Padín Martínez, presidente de la Fundación: «Debe de ser del alcantarillado por el barro que hay. Pudo llenarse una tubería y rezumar el agua para arriba». Por otra parte, aseguró que afortunadamente los libros que se han visto afectados «no son antiguos». Padín señaló que están pendientes de que los técnicos municipales acudan a visitar el edificio, que pertenece a Patrimonio. A última hora de la tarde de ayer nadie se había personado, por lo que una de las trabajadoras, que lleva más de medio siglo al cargo de la biblioteca de la Casa del Consulado, advirtió que «si mañana -por hoy -no viene nadie nos tendrán que creer cómo estaba, porque hay que llamar a una empresa de limpieza, que se está pudriendo todo».
De momento, las instalaciones permanecerán cerradas al público hasta que no se reparen los desperfectos y el personal del centro aseguró que «necesitarán un poco de margen para abrirla al público». Las integrantes del Patronato, que pertenece a la Fundación Pedro Antonio Sánchez, revisaron uno a uno los volúmenes para comprobar su estado y están a la espera de ver en qué estado han quedado los ordenadores -el agua alcanzó las CPU que estaban colocadas en el suelo-, ya que contenían un proceso de catalogación de los grabados en libros del siglo XVIII, «un proceso informático muy importante» que estaba muy avanzado.
A pesar de que la inundación se produjo durante el fin de semana, el agua todavía se podía ver ayer en las salas de la biblioteca, excepto en la de Juntas, donde la moqueta absorbió gran parte.
«Hay que quitarla toda, no vale para nada desprende mucho mal olor y está muy sucia», señaló una de las trabajadoras. En la habitación contigua, donde se encuentra el deposito de libros, que contiene «ejemplares muy valiosos», entre ellos algún libro de 1498, el agua rozó la parte inferior de las estanterías. La humedad también se filtró por las paredes del despacho, que alberga muebles de madera americana del siglo XIX encargados a petición del fundador, Pedro Antonio Sánchez, quien en recompensa por el trabajo realizado les entregó unas monedas de oro del Consulado a los artesanos que los hicieron.
No hay constancia
Por su parte, la empresa encargada del mantenimiento del alcantarillado de la ciudad, Emalcsa, no tenía constancia ayer «ni de la inundación ni de los desperfectos que esta causó», según fuentes de la compañía.


Mas información:
Los tesoros de la calle Panaderas