martes, julio 03, 2007

La patente de la Aspirina

Aspirina: la atribulada vida de una celebridad
El Dr. Felix Hoffmann (1868-1946) tenía dos pasiones. Una de ellas (Historia del arte) sólo le reportó gratificaciones personales. La segunda (Química) proporcionó a la humanidad una de sus más famosas invenciones: la Aspirina®.

El Dr. Hoffmann fue un digno heredero de una larga tradición en el alivio del dolor, la cual se remonta miles de años atrás y que tiene su hito moderno en el año 1897, con la síntesis del ácido acetilsalicílico (ASA). Este es el nombre del principio activo de la Aspirina®, que proviene de la palabra latina Salix (sauce), árbol del que los antiguos médicos brujos obtuvieron este principio activo por primera vez.

Siendo aún un campo fértil de estudio para la química moderna y la farmacología, esta "droga milagrosa" tiene muchas otras propiedades aparte del alivio del dolor. Un fármaco para el cáncer, las enfermedades cardiacas, el Alzheimer, los ataques de apoplejía, la infertilidad, la hipertensión y muchas otras enfermedades son parte de la lista de maravillas que se atribuyen a la Aspirina®.

La historia de los derechos de propiedad intelectual ligados al ASA es también interesante y no exenta de altibajos. El 1 de febrero de 1899, la marca Aspirina® fue solicitada ante la Oficina Imperial de Patentes Alemana. Desde entonces se ha convertido en una de las marcas más famosas y en uno de los fármacos más exitosos de la Tierra, patentado en Estados Unidos el 27 de febrero de 1900. Sin embargo, de la misma manera que le sucede a las celebridades de carne y hueso, su fama le trajo problemas. Debido a su renombre como fármaco de gran éxito, finalizada la Primera Guerra Mundial las autoridades norteamericanas confiscaron la marca Aspirina® e incluso el nombre de la compañía propietaria de esta marca: "Bayer". Aunque la patente expiró casi inmediatamente, la marca aún permaneció vigente.

Hasta el año 1988 Bayer no pudo recuperar su nombre en los Estados Unidos. A pesar de ello, durante todo ese tiempo Bayer ha desarrollado una política activa de respeto de sus derechos de propiedad intelectual. Y ello no sólo protegiendo su marca más famosa, sino también invirtiendo grandes cantidades de dinero en investigación, financiando a los nuevos médicos brujos, buscando nuevos fármacos y nuevas aplicaciones para los ya conocidos, tal y como sucede con nuestra patente del mes, la patente del siglo: el legado del Dr. Hoffmann

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